Namyre: Trasfondo.
Hoy estaba buscando recuerdos entrañables de mi querida pirest, y todos los años que me ha acompañado. Pues bien aquí os dejo el trasfondo que hice para mi personaje en D&D (Pathfinder)
Esta historia comienza en mi
séptimo cumpleaños, la actual mujer de mi padre Modred me vigilaba mientras me
estaba dando un baño y detectó una marca en mi costado y avisó rápidamente a mi padre, este la reconoció inmediatamente,
era la misma marca que poseía mi madre, la cual murió al nacer yo y de la cual
yo recibí mi nombre: Namyre.
El último recuerdo que tengo
sobre mi padre es verle petrificado, horrorizado, reviviendo el sufrimiento de
mi madre en su mirada, a las horas nos dirigíamos en un carro hacia Aguas
Profundas.
Sólo había estado una vez en la
ciudad, me pareció un mundo comparada a nuestra aldea, acostumbrada a la granja
de mi padre, y a los transeúntes de la posada del pueblo.
Me quedé boquiabierta al entrar
por las puertas de la ciudad, comerciantes, marineros, nobles, aventureros,
rufianes, gente de otras razas!! Todo un mundo desconocido para mí.
Llegamos frente a una puerta, y
mi padre llamó sin cesar hasta que le abrieron, susurró algo al oído del
capellán que nos atendió y por lo que hoy se, cambió mi vida por completo. Aún
sigo sin descubrir que significa mi legado, la herencia de mi madre, espero que
algún día encuentre el significado.
Momentos después mi padre se
despidió de mí, con un tierno abrazo y una frase que nunca olvidaré:
“No permitas que la sombra se
adentre en tu corazón”
Pensé que a partir de ese momento
estaría sola, pero la realidad fue otra, empecé a ayudar en las tareas diarias
de la capilla y con una instrucción diaria junto a otros niños de mi misma
edad, con el tiempo llegó una joven llamada Luthen a nuestro hogar, una
sacerdotisa devota de “La flor del amanecer”.
Un día en los jardines Luthen se
acercó a mí, con una gran sonrisa, sus ojos marrones penetraron fijándose en
mi, desde ese momento fuimos inseparables, la hermana que nunca pude tener,
hacia tanto que no sentía esa calidez en mi corazón… Y por primera vez en dos
años le devolví la sonrisa a alguien.
Luthen aparentaba menos edad de
la que poseía, y cada vez que pasaba tiempo con ella más me sorprendía con la
experiencia que poseía, se convirtió en mi maestra, en mi ejemplo a seguir,
ella me enseñó todo lo que se, a seguir la sabiduría que nos otorga Sarenrae,
su compasión en la batalla, impartiendo justicia sin dolor.
Nuestro día a día se convirtió en
realizar varias tareas que nos encomendaba la iglesia: nos dedicábamos a curar
a los enfermos, bendecir cosechas, reformar delincuentes y malhechores, en
alguna ocasión los vecinos nos consultaban sobre disputas familiares. Al alba
siempre nos despertábamos, dábamos las gracias al sol naciente.
Tras los años, siempre pensé que
Luthen siempre estaría a mi lado, pero llego un día que se despidió de mí, como
es normal en la congregación nuestros clérigos viajan constantemente entre los
templos. Luthen debía partir a Ourzid-Mah.
Prometimos estar en contacto,
pero nunca más supe de ella, mi compañera me dejó cuando yo rozaba los 20 años. Cada día al ver amanecer pienso en ella, en
los años que hemos pasado juntas y en
todo lo que me enseño.
Ese mismo día me regaló un
colgante que acostumbro a llevar siempre conmigo. Mi amuleto de la suerte. Hoy he
tenido una visión mientras sostenía su colgante, ha llegado el momento de que
siga sus pasos, debo partir a predicar con el ejemplo de mi congregación a
cambiar las vidas que se crucen en mi camino como ella hizo al cruzarse en mi
vida.
Namyre.
Espero que os guste.
Auri.


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